Me gustaría empezar esta entrada del blog con una pregunta aparentemente muy sencilla.
Dios me ama tal como soy, pero... ¿quiere decir esto que Dios me permite hacer todo lo que me apetezca?
A simple vista, uno podría sentirse tentado a responder que sí. Podríamos pensar: si Dios me ama, entonces seguro que Dios aprueba todo lo que siento, todo lo que deseo, todo lo que decido. Pero, si nos detenemos un momento y lo pensamos con calma, algo no termina de encajar.
Porque, si esto fuese verdadero para mí, también tendría que serlo para todos los demás.
Y si a todos se nos permitiera hacer lo que quisiésemos simplemente porque lo deseamos, tarde o temprano nuestros deseos entrarían en conflicto. Mi voluntad se opondría a la tuya. Tu voluntad dañaría la mía. Y lo que vendría después no sería paz, ni fraternidad, ni caridad, sino conflicto. Acabaríamos enfrentándonos unos a otros. Y entonces la pregunta se vuelve inevitable: ¿es eso realmente lo que Dios quiere para nosotros? ¿Puede entenderse el amor de Dios como un permiso para que los seres humanos entren en conflicto constantemente entre sí? Yo creo que no.
![]() |
| Ética a Nicómaco (siglo IV a. C.) |
Acercarnos a la ética de Aristóteles puede ayudarnos en este sentido. Según Aristóteles, la virtud se encuentra en el término medio: la virtud moral no está ni en el exceso ni en el defecto, sino en la justa medida con la que la razón guía a la persona hacia el bien. Esto es muy importante, porque significa que la vida buena no se construye dejando que cada deseo nos gobierne, sino dejándonos guiar por la mesura, el término medio y el dominio de uno mismo. Desde la perspectiva cristiana, esto suena muy cercano: es precisamente esto mismo lo que sucede cuando nuestros corazones comienzan a ser llamados por la gracia. Dios no me ama para entregarme a merced del exceso. Dios me ama para llamarme a la verdad, a la mesura, a esa armonía interior en la que dejo de girar sobre mí mismo. En ese sentido, Aristóteles no está lejos del amor de Dios: a su manera, intenta describir una de sus caras. El amor de Dios no nos deteriora consintiendo cada impulso; nos sana orientándonos hacia el bien.
Kant nos ayuda desde otro ángulo. Su imperativo categórico nos pide actuar solo según la máxima que podamos querer que se convierta en ley universal. Es decir: no debería hacer de mí una excepción. No debería concederme licencias que no desearía que todos los demás pudieran tomarse. Esto también arroja mucha luz sobre el tema de esta entrada del blog. Porque, si yo digo: “Dios me ama, por lo tanto, puedo hacer lo que quiera”, entonces tendría que aceptar también que todos los demás puedan hacer eso
mismo.
![]() |
| Immanuel Kant (1724-1804) |
Stuart Mill, por su parte, plantea otro punto importante: la libertad. Nos recuerda que hay una esfera en la que la persona debe ser respetada, y que nadie debería dominar la conciencia y la vida interior de los demás. La formulación popular suele decir: mi libertad termina donde empieza la tuya. Y aunque Mill lo expresa con mayor precisión a través del principio del daño, el núcleo de este punto queda claro: la libertad no puede convertirse en un pretexto para herir a los demás.
También aquí puede reconocerse un punto profundamente cristiano: Dios no nos crea como marionetas, ni nos llama a amar privándonos de nuestra libertad. Y precisamente por esto mismo, también espera que seamos responsables. Una libertad que daña a los demás, les pisotea, les humilla o les ignora, no puede ser una libertad verdadera. Y así, Mill también, a su manera, nos ayuda a entender otra de las caras del amor de Dios: que Dios nos ve como personas llamadas a una libertad responsable que debe convivir con la dignidad y el bien de todos los demás.
![]() |
| John Stuart Mill (1806-1873) |
Y me parece que hemos alcanzado el punto central de esta entrada del blog.
Quizá Aristóteles, Kant y Stuart Mill no están, al final, ofreciendo unos simples sistemas filosóficos fríos e inflexibles. Quizá, sin llamarlo por su nombre directamente como lo hace la fe, Aristóteles, Kant y Stuart Mill no están más que acercándonos a una de las caras de la estructura moral del amor, respectivamente.
Aristóteles nos ayuda a ver que el amor no es exceso, sino mesura y disciplina. Kant nos ayuda a ver que el amor no puede convertirme en una excepción egoísta, porque lo que es verdadero para mí también tiene que ser verdadero para todos los demás. Mill nos ayuda a ver que el amor no puede privarnos de la libertad y que, además, esa misma libertad tampoco debe permitirnos dañar a los demás.
Visto así, estas reflexiones son ideas que intentan describir lo que el amor de Dios significa en realidad y que nos ayudan a entender cómo Dios nos ve. Dios no nos ve como voluntades aisladas compitiendo entre nosotros por un espacio. Dios nos ve como personas llamadas a la verdad, a la dignidad, a una libertad responsable, a la mesura, al respeto y, finalmente, a la comunión.
Así que, cuando decimos: “Dios me ama tal como soy”, quizá no deberíamos escuchar lo siguiente: “Por lo tanto, puedo hacer lo que quiera”. Tal vez deberíamos escuchar algo bastante más exigente y, a la vez, inmensamente más hermoso: “Dios me acoge tal como soy, me ama en la verdad y, por eso mismo, me orienta hacia quien estoy llamado a ser”.
Quizá, entonces, lo que necesitamos es entender que Dios nos ama tal como somos, sí. Y precisamente porque nos ama, no nos deja encerrados en la versión más plana de nosotros mismos. Nos conduce hacia la persona que Él ve. Y, según lo entiendo, Aristóteles, Kant y Stuart Mill, cada uno a su manera, intentan ayudarnos a acercarnos a ese objetivo.
Y por eso sus reflexiones, en el fondo, me parece que no son más que intentos humanos de describir lo que el amor de Dios significa de verdad y de ayudarnos, poco a poco, a comprender cómo es la visión que Dios tiene de nosotros.
Por lo tanto, quizá la conclusión más profunda de todo esto sea que:
Dios me ama tal como soy, y eso implica que Dios me quiere tal como Él me ve.
Feliz tiempo de preparación para la Pascua de Resurrección 2026 🙏
Texto afinado y pulido mediante herramientas de IA Generativa



No hay comentarios:
Publicar un comentario