Me gustaría comenzar esta entrada del blog con una pregunta aparentemente muy sencilla:
¿Existe alguna razón en particular por la que podamos librarnos de absolutamente toda responsabilidad sobre nuestros propios actos?
A primera vista, podríamos responder afirmativamente. No siempre actuamos de manera plenamente consciente y voluntaria: provocamos daño sin intención, desconocemos las consecuencias de nuestras decisiones o atravesamos circunstancias que limitan nuestra capacidad para comprender lo que hacemos.
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